Ya me queda menos para irme, dos semanitas, un solo fin de semana y lo voy a pasar en Vilagarcía con mi familia, así que este finde tocaba despedida. Y allí estaban. Algunos sí faltaban (así a voz de pronto: María, Dei, Lito, Ber, Lu, Nacho, Zalo, Rezznar, Noemi, Nuria, Shera y Breixo) pero todos los que estaban (mención especial a Rubén que aunque no vino de noche estuvo conmigo toda la tarde y a Noe que vino al cine el miércoles), eran mis amigos y me habían tenido que aguantar en algún u otro momento de mi vida y todos estuvieron ahí cuando los necesité. Son como una especie de tejido que me hace de red y me mantiene a salvo tal y como soy ahora. Son mi mantita (como dice Silvia Penide “con los que me amaron, con los que yo amé, llevo un puzzle en el pecho, me hago una mantita con todas las piezas y me abrigo en noches de tormenta”). Son como trocitos de mi vida y de mi alma. Y por eso despedirme de ellos fue un poco como ir arrancándome pedacitos de los pulmones y por eso, sólo por eso, no podía respirar y las lágrimas… bah, me debió de caer vodka en los ojos
Me regalaron un montón de cosas preciosas materiales e inmateriales, para llevar, para escuchar, para ver, para leer, para soñar… con las que alimentar mis ánimos y recordarles cuando el uso horario no me permita hablar con ellos y les eche de menos (porque como me dijo alguno casi casi en francés, perder no les voy a perder).
Y lloré. Claro que lloré. ¿Cómo no voy a llorar? Si crean sueños y acarician pianos para mí, si me reservan habitaciones en el otro lugar del mundo, si me componen mantos de estrellas y si tiran de otro continente un poquito todas las noches. Y sobre todo. Si están ahí. Si están ahí todos. Gente que hacía siglos que no se juntaba y gente que no se había juntado nunca. Y que hicieron el esfuerzo de venir a estar a mi lado. Y que me dijeron que me querían (que aunque es algo que en el fondo ya sabía, es el tipo de cosas que sólo se denuestran y se dicen cuando alguien se marcha). Lloré porque les quiero. Muchísimo. Y ya les dije que si por alguno no lloraba era que a ese no le quería XDDD
Pero no lloré porque esté triste. No lo estoy. Irse es difícil. Pensar que tal vez haya alguno al que no pueda volver a ver es duro. Pero me voy (casi) convencida de que es la mejor opción. De que voy a estar bien allí y de que hago lo correcto.
Además, Internet es muy grande. Y todos tenemos todavía muchas cosas que hacer y mucha vida por delante. Y como me dice mucho María “hai máis días que longanizas”. Y mira Ber o Noemi, llevan años en Madrid y Barcelona, podemos estar siglos sin hablarnos, pero incluso varios años después cuando nos juntamos todo es igual. Aunque seamos algo diferentes. Así que realmente creo que si en algún momento nuestros caminos se separan, en algún momento se volverán a enlazar. Seguro. Ya lo veréis.
Y además, aún tengo que hablar con mi futuro e hipotético compañero de piso, pero ya sabéis que por mí tendréis una habitación “boa” para poder acogeros cuando vengáis a un partido de curling
No es un final. Es un principio. Y estuvisteis ahí para compartirlo conmigo.
Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias chicos. Gracias por todo. Sois los mejores. De verdad. :********
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